Imagina por un momento que estás en un barco y, de repente, comienza a hundirse en medio del océano. En ese instante de crisis, todo lo que un minuto antes parecía importante, pierde valor. Tu cuenta bancaria, tus planes para mañana, tus preocupaciones diarias… todo desaparece. Tu único enfoque se reduce a una sola cosa: sobrevivir.
Si sabes nadar, esa habilidad cobra una importancia que nunca antes tuvo en tu vida. Pero aquí está la cruda realidad del océano: por muy buena nadadora que seas, en medio del mar abierto, eventualmente te vas a cansar. Continuar Leyendo »
