¿Alguna vez te has enamorado de un vestido que era una talla más pequeña, pero lo compraste igual porque era «precioso»? ¿O has usado esos zapatos espectaculares que, aunque te sacaban ampollas y te hacían sangrar, te los pusiste sonriendo para la foto?
A veces nos convencemos de que la incomodidad es el precio de la belleza. Pensamos: «Ya cederá», o «puedo aguantar el dolor un poco más».
Lo hacemos con la moda, pero lo verdaderamente trágico es que hacemos lo mismo con el corazón. Continuar Leyendo »
