Yo era el rumor del barrio.
No necesitaban decir mi nombre para saber de quién hablaban. Bastaba una mirada, un gesto, una pausa en la conversación cuando yo entraba a un lugar. Me conocían por lo que había hecho, por lo que me habían hecho, por las decisiones que tomé cuando no sabía tomar mejores. Me habían reducido a una historia y esa historia se contaba sin mi permiso en cada esquina.
Aprendí a caminar pegada a las paredes. Continuar Leyendo »
