Hace poco estuve en una boda que no voy a olvidar fácilmente.
Era en un jardín precioso. Flores por todos lados, sombrillas blancas perfectamente alineadas, manteles que alguien había elegido con meses de anticipación. Se notaba en cada detalle que alguien había soñado ese día durante mucho tiempo. La música, la luz, el olor. Todo estaba exactamente donde debía estar.
Y entonces apareció la primera nube.
Nadie dijo nada al principio. Todos la miramos de reojo con esa esperanza silenciosa de que se moviera sola. Continuar Leyendo »
