Hay un sonido que el alma de una madre reconoce aunque el cuerpo esté profundamente dormido.
Puede ser una de esas noches en que el día fue tan largo que el cuerpo cayó en la cama antes de que los pensamientos terminaran de acomodarse. Sin energía para más. Sin palabras para nada. Solo el silencio y la promesa de unas horas de descanso.
Y entonces, desde algún rincón de la casa, un llanto suave. Apenas un gemido. Continuar Leyendo »
