Hace unos días hablaba con una chica joven, llena de ilusión. Sus ojos brillaban mientras me describía cada detalle de su boda: el corte del vestido, las flores de la recepción, el destino exótico de la luna de miel. Parecía tener un presupuesto ilimitado en su imaginación y un guion perfecto para ese gran día.
Me contagié de su alegría por un momento, hasta que le hice la pregunta lógica: «¿Y cuándo es la boda? ¿Quién es el afortunado?». Continuar Leyendo »
