Hace unos años, la pandemia vació iglesias, reuniones y hasta amistades.
De pronto, todo se volvió a distancia: el trabajo, los encuentros, las conversaciones.
Y sin darnos cuenta, empezamos a creer que podíamos vivir aisladas… que no necesitábamos de nadie.
El enemigo nos susurró la mentira perfecta:
“Eres más fuerte sola. No dependas de nadie. No necesitas a nadie.”
Y, como los algoritmos de las redes sociales, esa mentira empezó a repetirse hasta que sonó convincente. Continuar Leyendo »
