Hablemos de esa frustración que te quema por dentro y que no te atreves a decir en voz alta en la iglesia.
Llevas meses, quizás años, orando por lo mismo. Como la mujer del flujo de sangre, has gastado tus emociones, tu energía y tus lágrimas buscando una solución. Has tocado el manto, has ayunado, has pactado, has gritado al cielo.
Y sin embargo… el cielo parece de bronce. La situación no cambia. El milagro no llega. Continuar Leyendo »
