Recientemente, una joven me invitó a tomar un café. Pensé que sería una charla ligera entre chicas, llena de risas y planes, pero pronto comprendí que algo más profundo se movía detrás de sus palabras. Entre sonrisas nerviosas y anécdotas, percibí un peso en su corazón.
Tomé su mano para detener la conversación y pregunté con suavidad qué era lo que la cargaba. No pudo más que soltar unas lágrimas. Entre sollozos, me confesó: —Siento que mi tiempo se está acabando. Continuar Leyendo »
