Nadie nace sabiendo ser mamá.
Y decir eso no es una excusa para el abuso o las heridas que muchas vivimos,
es simplemente una verdad dura:
algunas de nosotras nunca tuvimos una madre que supiera cómo amar.
Algunas, literalmente, no tuvieron mamá porque falleció, porque las abandonó,
o porque nunca pudo estar ahí.
Otras crecieron con una madre que, en lugar de protegerlas, habilitó con su silencio el dolor que alguien más les causó.
Y aunque cada historia es distinta, el vacío se siente igual:
una infancia donde nunca hubo un cuento de hadas. Continuar Leyendo »
