Hay cajas apiladas en la esquina que todavía no has terminado de desempacar.
No porque no hayas tenido tiempo. Sino porque en algún lugar de tu corazón aún no has decidido quedarte.
El nuevo lugar es tuyo, sí. Tienes las llaves. Tu nombre está en la puerta. Pero cuando alguien te pregunta cómo estás, todavía dices «estoy adaptándome», como si adaptarte fuera una etapa que pronto va a terminar y no llevas ya meses diciéndolo. Llamas «allá» al lugar donde ya no vives. Continuar Leyendo »
