En mi casa había una planta que mi mamá amaba.
Era de cerámica. Una de esas piezas que no se compran en cualquier lugar, que alguien eligió con cuidado y que con el tiempo se vuelve parte del hogar. Todos sabíamos que esa planta era de mamá y que había que tenerle respeto. Y claro, siendo niños, el respeto duraba exactamente hasta que empezábamos a jugar.
Un día la planta cayó.
No voy a decir quién fue. Continuar Leyendo »
