Te serviste el café. Alcanzaste a darle un trago, tal vez dos.
Después alguien te habló desde el otro cuarto, o sonó el teléfono, o te acordaste de algo que tenía que salir hoy.
Cuando volviste a la cocina, la taza seguía ahí, en el mismo lugar, fría.
Tú sabes cómo es. No es la primera vez.
Esa taza no se enfrió porque se te haya olvidado. Se enfrió porque algo más urgente se atravesó, otra vez. Continuar Leyendo »
