¿Cuándo fue la última vez que te diste crédito por algo que hiciste hoy?

Si alguien te preguntara hoy qué hiciste, probablemente dirías poco.

Resolví una pelea. Preparé el desayuno. Llevé a alguien al colegio. Escuché una historia larga sobre algo que pasó en el recreo. Negocié. Consolé. Expliqué por qué no. Expliqué por qué sí. Volví a explicar lo mismo de ayer. Me senté a hacer tarea. Coordiné. Recordé lo que todos olvidaron. Fui al supermercado. Hice la cena. Apagué la luz.

Nada de eso suena extraordinario.

Y sin embargo estás agotada. Continuar Leyendo »

¿En qué momento decidiste que trabajar y ser buena madre no pueden ir juntos?

Cuando pensamos en una madre, la imagen que primero viene a la mente suele ser la misma.

La que está en casa. La que recibe a los hijos cuando regresan de la escuela. La que tiene la merienda lista, la tarea supervisada, la tarde disponible. Es una imagen hermosa. Y es real para muchas mujeres.

Pero no es la única.

Hay madres cuya misión las lleva fuera de casa. Madres que trabajan, que tienen responsabilidades que no se pueden pausar, que salen temprano y a veces regresan cuando los hijos ya están dormidos. Continuar Leyendo »

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Para la madre que ora sin ver resultados

Hace algunos años, cuando mis hijos eran pequeños, pasamos frente a un parque donde estaban reforestando.

Daban la opción de sembrar un árbol en honor a tu familia. No era algo planeado. No era una actividad que estuviera en el itinerario del fin de semana. Simplemente estaba ahí, y dijimos que sí. Sembramos nuestro árbol, tomamos una foto, y seguimos el día.

En ese momento fue exactamente eso. Un momento bonito. Una actividad diferente.

Pero algo curioso pasó con el tiempo. Continuar Leyendo »

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No eliges cómo inicia tu historia, pero sí cómo termina

Cuando nace un hijo, lo primero que hace la familia es buscar a quién se parece.

Tiene la nariz del abuelo. Los ojos de mamá. Las manos largas de su papá. Hay algo hermoso en reconocer que este ser nuevo trae consigo algo de todos los que vinieron antes.

Pero con los años ese mismo ejercicio puede volverse doloroso.

Porque los hijos no solo absorben los rasgos físicos de quienes los rodean. También absorben las reacciones. Continuar Leyendo »

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¿Qué pasa cuando ya no hablas el mismo idioma que tus hijos?

Hubo un tiempo en que comunicarse con alguien que vivía lejos tomaba semanas.

Se escribía una carta, se esperaba que llegara, se esperaba la respuesta. Y en ese tiempo de espera había algo que hoy casi no existe: la paciencia de no saber. El mundo de nuestras abuelas funcionaba así. Y ellas lo consideraban normal porque era todo lo que conocían.

Nosotras crecimos en el medio. Vimos llegar el fax, el bíper, el primer teléfono celular del tamaño de un ladrillo. Continuar Leyendo »

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