Ese día ella llevaba puesto todos sus sombreros al mismo tiempo.
Había manejado a dos lugares distintos antes del mediodía, resuelto un problema en el trabajo desde el teléfono mientras esperaba en el semáforo, recordado la cita del médico, coordinado la merienda, y todavía tenía pendiente una llamada que no podía aplazar. Era un día normal. Del tipo de día normal que ninguna agenda logra capturar del todo porque las madres no solo administran actividades. Administran todo lo que está detrás de las actividades. Continuar Leyendo »
