He perdido la cuenta de las veces que, al preparar la refacción de mis hijos,
he puesto un poquito más de comida.
No porque sé que se la van a comer toda…
sino porque siempre hay un amigo con hambre,
o porque un día cambian su sándwich por unas galletas,
o porque, misteriosamente, regresan con algo que yo nunca les empaqué.
Son esos misterios de madre que no cuestionamos.
Simplemente lo hacemos.
Un panecito extra.
Un trozo de fruta más. Continuar Leyendo »
