Todas tenemos ese rincón en casa donde terminan las cosas que no sabemos dónde colocar.
Una caja con recuerdos, una carpeta con papeles sin revisar, un cajón que nunca abrimos.
Sabemos que está ahí, pero mientras no lo veamos, no estorba.
Y aunque parece una solución temporal, tarde o temprano ese espacio empieza a llenarse de desorden.
El alma, a veces, funciona igual.
Hay dolores que no sabemos dónde guardar,
así que los empujamos debajo de la alfombra de la vida,
convencidas de que si no los miramos, dejarán de doler. Continuar Leyendo »
