Hace unos días, fui a una tienda.
La chica que me atendió fue muy amable, tan cálida que quise agradecerle por su nombre.
Busqué la etiqueta en su uniforme…
pero al notar mi intención, se apresuró a cubrirla con su mano.
Me dijo, con una sonrisa tímida:
—“Siempre me ha dado vergüenza mi nombre… mi papá cometió una falta de ortografía enorme al ponerlo y nunca me ha gustado.”
Y ahí estaba.
Una mujer joven, hermosa, inteligente…
que desde niña aprendió a esconder su nombre. Continuar Leyendo »
