A veces los días comienzan antes de que salga el sol.
Con un pie descalzo en el suelo y una oración rápida mientras preparas desayuno o recoges ropa del piso.
Oras por tus hijos, por sus golpes, sus emociones, sus decisiones.
Oras por el esposo que tal vez no ora, o por el trabajo que no rinde.
Oras por las finanzas, por la paz, por el futuro.
Y mientras todos siguen con su día, tú sigues orando. Continuar Leyendo »
