¿Te tiemblan las piernas antes de dar el primer paso?

Tú sabes lo que es esa silla. La del salón de clase, cuando el maestro decía tu nombre y te tocaba pasar al frente. O la de la sala de juntas, ya de grande, cuando te tocaba presentar frente a un grupo.

Te levantas y las piernas te tiemblan antes de dar el primer paso.

A mí me ha pasado toda la vida. Desde niña, y también ya de grande, parada frente a grupos de mujeres. Continuar Leyendo »

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Es hora de cerrar los capítulos que aún están abiertos

Manejas hacia el trabajo por la misma ruta de siempre.

Y de repente, sin saber exactamente cómo, ya llegaste. No recuerdas los semáforos, no recuerdas las vueltas, no recuerdas nada del trayecto. Tu cuerpo condujo todo el camino en piloto automático mientras tu mente estaba en otro lugar completamente distinto.

Lo mismo pasa cocinando. Terminas de preparar el almuerzo y no sabrías decir en qué momento picaste la cebolla o encendiste la estufa. Las manos sabían qué hacer. Continuar Leyendo »

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¿Cuándo dejé de ser yo sin darme cuenta?

A veces pasa sin avisar.

Vas caminando por la calle y de reojo alcanzas a ver tu reflejo en la vitrina de una tienda. Y por un segundo, no te reconoces. Sabes que eres tú, obviamente. Pero algo no encaja entre la imagen que acabas de ver y la persona que sientes que eres por dentro.

O te encuentras una fotografía tuya de hace algunos años. Y aunque sabes que eres tú, hay algo en esa mujer que te parece lejano. Continuar Leyendo »

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¿Te estás refugiando o te estás escondiendo?

Cuenta la historia que un día, un poeta caminaba por el bosque cuando se desató una tormenta.

Los relámpagos iluminaban el cielo. La lluvia caía con fuerza. Y en medio de ese caos, un pajarito asustado voló hacia él y trató de esconderse bajo su abrigo.

Ese momento lo marcó tanto que después escribió: «Escóndeme, oh mi Salvador, escóndeme hasta que la tormenta de la vida haya pasado.»

Hay algo en esa imagen que todas entendemos. Continuar Leyendo »

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Creer una mentira no la convierte en verdad

Tenía diez años cuando mi familia se mudó de un pueblo pequeño a la ciudad.

Y no fue simplemente un cambio de dirección. Fue perder todo lo que conocía de un día para otro. Dejé a mis amigas de toda la vida. Dejé las calles que me sabía de memoria, los vecinos que me conocían por mi nombre desde que nací. Cambié el campo abierto por edificios que no terminaban, las caras conocidas por miles de desconocidas, el ritmo lento de un pueblo por la velocidad de una ciudad que no se detenía para que yo me adaptara. Continuar Leyendo »

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