Hay promesas que se sienten viejas.
Sueños que en algún momento nos ilusionaron,
pero que el paso del tiempo fue desgastando.
Oraciones que antes hacíamos con fe y ahora repetimos por costumbre.
Y a veces el silencio de Dios no duele por lo que dice,
sino por lo que no dice.
Sara entendía eso mejor que nadie.
Había esperado por años, por décadas, sin ver nada.
Su vientre seguía estéril, su esperanza también.
Hasta que un día, cuando ya no esperaba nada, Dios habló otra vez:
“Para este tiempo, el próximo año, tendrás un hijo.” Continuar Leyendo »
