Hay una experiencia que, como mujeres, entendemos en lo más profundo de nuestro ser: dar a luz.
Recuerdo haber escuchado a muchas madres jóvenes, en los días siguientes al parto, decir con absoluta convicción: «Hasta aquí. No tendré más hijos. ¡El dolor fue demasiado!».
Y en ese momento, lo dicen con toda sinceridad. El trabajo de parto es agotador, es un dolor que consume. Es un proceso de quiebre y esfuerzo límite.
Pero entonces, sucede algo milagroso. Continuar Leyendo »
