A veces no es que Dios no esté haciendo algo nuevo,
es que no hay espacio para lo que Él quiere poner.
Vivimos llenas.
No de lo bueno —sino de lo que nos pesa.
Culpa.
Preocupación.
Dudas.
Heridas que nunca terminamos de soltar.
Y poco a poco, sin darnos cuenta, el alma se vuelve un cuarto sin lugar para nada más.
Queremos paz, pero hay ansiedad ocupando su espacio.
Queremos alegría, pero la culpa aún está sentada en esa silla. Continuar Leyendo »
