He visto a muchas mujeres darlo todo.
Por sus hijos, su esposo, su familia, la iglesia, el trabajo…
y poco a poco convertirse en las velas que alumbran a todos,
mientras se consumen a sí mismas en silencio.
No es que se pongan de últimas en la lista.
Es que, simplemente, ya no están en la lista.
Y cuando eso sucede, el cambio no es repentino.
Ocurre despacio, como una llama que se apaga con el tiempo. Continuar Leyendo »
