Lo que escondemos bajo la alfombra del alma

Todas tenemos ese rincón en casa donde terminan las cosas que no sabemos dónde colocar.
Una caja con recuerdos, una carpeta con papeles sin revisar, un cajón que nunca abrimos.
Sabemos que está ahí, pero mientras no lo veamos, no estorba.
Y aunque parece una solución temporal, tarde o temprano ese espacio empieza a llenarse de desorden.

El alma, a veces, funciona igual.
Hay dolores que no sabemos dónde guardar,
así que los empujamos debajo de la alfombra de la vida,
convencidas de que si no los miramos, dejarán de doler. Continuar Leyendo »

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Cuando el brillo se apaga sin darnos cuenta

He visto a muchas mujeres darlo todo.
Por sus hijos, su esposo, su familia, la iglesia, el trabajo…
y poco a poco convertirse en las velas que alumbran a todos,
mientras se consumen a sí mismas en silencio.

No es que se pongan de últimas en la lista.
Es que, simplemente, ya no están en la lista.

Y cuando eso sucede, el cambio no es repentino.
Ocurre despacio, como una llama que se apaga con el tiempo. Continuar Leyendo »

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Nunca es tarde para ser nueva

Si hoy te diera una máquina del tiempo y pudieras regresar a una parte de tu vida para revivirla,
¿a dónde irías?

Estoy casi segura de que, más que buscar un momento feliz, escogerías volver a ese instante que revives una y otra vez antes de dormir.
Ese momento que se cuela en tu mente cuando menos lo esperas, y vuelve con preguntas sin respuesta:
¿Qué hubiera pasado si no hubiera dicho eso?
¿Y si hubiera elegido distinto? Continuar Leyendo »

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A veces el milagro se llama proceso

Hoy leía un libro y encontré una frase que me estremeció por su verdad sencilla:
“Tal vez no soy aún la mujer que deseo ser, pero ya no soy la que fui ayer.”

Me quedé pensando en cuánto peso hay en esas palabras.
Porque todas, en algún momento, hemos querido cambiar algo: nuestra manera de reaccionar, de amar, de pensar o incluso de vernos a nosotras mismas.
Pero el cambio no sucede como una chispa que todo lo ilumina de un día para otro. Continuar Leyendo »

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A veces el milagro llega por la fe de los que te rodean

¿Alguna vez has tenido que cargar algo que parecía más grande que tus fuerzas?
Quizás a tu hijo dormido desde el carro hasta su cama.
O las bolsas pesadas del súper cuando nadie podía ayudarte.
O, más invisible aún, cargar con la preocupación por alguien que amas, aunque no lo diga en voz alta.

Es curioso: cuando llevamos cargas que no nos corresponden, nos agotamos.
Pero cuando llevamos a alguien que amamos hacia un lugar de esperanza, la fuerza aparece de donde no teníamos. Continuar Leyendo »

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