Hace poco una joven me contó su historia.
Sus ojos brillaban mientras hablaba de él: un buen hombre, trabajador, con valores, temeroso de Dios.
“Los dos creemos en el Señor”, me dijo con ilusión.
“Los dos queremos formar una familia, servir, tener hijos, crecer.”
Pero mientras la escuchaba, noté algo en sus palabras:
las metas eran las mismas, pero los caminos eran distintos.
Ella soñaba con criar en fe; él con “darles libertad para elegir”.
Ella quería priorizar su hogar; él pensaba que el trabajo debía ir primero. Continuar Leyendo »
