Sé que no soy la única que, a inicio de mes —o cada lunes—,
se propone cambiar algo: comer mejor, hacer más ejercicio,
ser más paciente, orar con más constancia,
pasar menos tiempo en el teléfono, y más con la familia.
Y sí, empezamos con emoción.
Pero después de unos días, la vida se complica.
Los niños se enferman, el trabajo absorbe, los pendientes se multiplican.
Y lo único que cambia es la fecha en la que decimos que volveremos a empezar. Continuar Leyendo »
